febrero 16, 2008

Integración, sí; asimilación, no

La pugna entre modelos de integración ha estallado por fin en España, sorprendentemente, años después de que el tsunami de la inmigración se despertara y sumándose al calor del debate en Europa. ¿Integración o asimilación? ¿Multiculturalismo, gueto o convivencia? ¿Hasta qué punto permitir la diferencia?

    Los modelos multiculturales también han generado sus guetos.

    La respuesta pasa por acomodar los servicios públicos a la nueva realidad.

    La inmigración se ha convertido en la tercera inquietud de los españoles.

    La idea de un contrato para respetar costumbres lanzada por el PP, en España, y la del arzobispo de Canterbury de permitir partes de la ley islámica (sharía), en Reino Unido, son dos caras de la misma moneda (¿o poliedro?). Y ambas fomentan la diferencia. La integración y la armonía social no necesitan, según los expertos, ni contrato ni sharía.

    La polémica sobre la integración de inmigrantes tiene su punto de mira en la comunidad musulmana. Hoy viven alrededor de 13 millones de fieles de esta confesión en la UE -más de un millón de ellos en España-. Representan más del 3,5% de la población. Holanda anunció hace unos días que prohibirá el uso del burka en centros oficiales y escuelas. Francia veta cualquier símbolo religioso en los colegios. Y el Partido Popular también quiere prohibirlo. Al otro extremo, Turquía ha levantado la prohibición de llevarlo en la Universidad.

    "La medida del PP alude directamente a los musulmanes", asegura Said Kirlani, presidente de la Asociación de Estudiantes Universitarios Marroquíes. Kirlani es musulmán y lleva siete años en España. "Hablan de nosotros como si fuésemos de otro planeta", dice. "Se han copiado debates que hay en Europa y que aquí no existían. En España no hay un problema importante de convivencia con los musulmanes", dice Estrella Rodríguez, directora general de Integración de Inmigrantes del Gobierno.

    Si la propuesta de Rajoy desató la polémica en España, las palabras de Rowan Williams, jefe de la iglesia anglicana, en favor de aplicar la sharía en Reino Unido, donde viven 1,8 millones de musulmanes, lo encendieron en ese país. Williams puntualizó más tarde -a petición del primer ministro Gordon Brown- su discurso, alegando que se refería a implantar "opciones adicionales" para los musulmanes "acomodadas" a la ley británica. Los musulmanes que viven en ese país no estuvieron de acuerdo. "Lo que se debería lograr es que la ley reconozca ciertos elementos como las herencias o los matrimonios", propone por teléfono desde Londres Salah Sharif, consejero de la Fundación Dar Al Islam. Sharif es iraquí. Llegó a Reino Unido en 1991 y tiene la nacionalidad británica. El Consejo Musulmán británico no se mostró partidario de aplicar la sharía. Afirmaron que no apoyarían un sistema dual.

    El PP asegura que su plan se enuncia para "evitar" que surjan en España propuestas como la de Williams. "Somos conscientes de lo que ha ocurrido en países como estos. Allí no se quiso hacer una política de integración, se ignoró el fenómeno y han surgido guetos dentro de la misma sociedad. Queremos adelantarnos y evitar que eso suceda en España", dicen fuentes del PP.

    El modelo británico, que respeta profundamente la diferencia, fue considerado exitoso hasta que los atentados de julio de 2005 destaparon un tipo de musulmán ya nacido en suelo británico, con estudios y trabajo, capaz de odiar hasta matar. Y hoy todo vuelve a estar en cuestión. La sociedad se siente fracasada y una propuesta como la del arzobispo azuza el fuego del debate y la contradicción. De nuevo: ¿multiculturalismo o asimilación?

    En Francia, sin embargo, el paisaje ha sido muy diferente. El gueto creció en un gran fracaso del Estado, que se asombró ante su imagen en el espejo de los disturbios de las banlieues en 2005. Un país que primero había ignorado al inmigrante y que después ha intentado la asimilación en la tradición secular: prohibidos el velo y símbolos religiosos en la escuela. "Una fórmula que pasa por aceptar una nueva identidad -la del país de acogida- y que puede llevar a abandonar las costumbres de origen y al desarraigo", según Ana Planet, profesora de Sociología del Mundo Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid. Para ella el modelo de asimilación no es adecuado: "Ni los inmigrantes ni la sociedad olvidan sus orígenes. Siempre te etiquetan. Incluso los que son ya franceses son tratados como inmigrantes".

    En Francia hay entre 8.000 y 15.000 familias polígamas, según datos de 2005 de la comisión parlamentaria francesa, un reflejo de que el gueto impermeable es fuerte. Unas 70.000 mujeres en este país son víctimas de matrimonios forzosos. Por no hablar de las dificultades que tienen muchos inmigrantes para conseguir empleo. "Incluso los de tercera generación", dice Lorenzo Cachón, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

    ¿Es mejor entonces el modelo de integración multicultural británico o belga, en el que todo el mundo intenta vivir en paz pero en el que nadie se relaciona? En el multiculturalismo también hay guetos. Betül vive en el barrio de Schaarbeek, la pequeña Turquía de Bruselas. Nació en Bélgica hace 29 años, de padres turcos. Es musulmana. No lleva velo. "Aún no estoy preparada, pero creo que me lo pondré", cuenta por teléfono. Estudió turismo y trabaja en un hotel. Cree que si se pone el pañuelo le perjudicará en su trabajo. A pesar de todo explica que "a veces" se siente presionada por sus familiares para llevarlo. "Sobre todo por la familia de mi padre", cuenta.

    ¿Ocurre lo mismo en España? ¿Cómo evitar que se formen los temidos guetos? ¿Se puede controlar que una niña no sea presionada para llevar el velo? Estrella Rodríguez asegura que en España no hay barrios como el de Betül. "Hay que trabajar para evitar que existan, hay que fomentar la inversión pública y lograr que los inmigrantes no se instalen en barrios ya degradados", dice.

    Pero los problemas de integración existen. La inmigración se ha convertido en la tercera preocupación para los españoles, según el CIS. Hay problemas educativos, sanitarios o sociales. "Sobre todo de capacidad de acogida", asegura Cachón. Sin embargo, para Rodríguez esos problemas se solucionarían "redimensionando" los servicios públicos para acoger a todos los ciudadanos.

    El PP asegura que para la integración sólo son "indispensables" dos elementos: "voluntad por parte del inmigrante y que haya empleo". Las asociaciones no opinan lo mismo. "La integración es cuestión de dos, de los extranjeros y de la sociedad. Siempre pedimos al inmigrante que actúe y olvidamos que, a veces, la sociedad cierra sus puertas", asegura Riay Tatari, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España.

    "Tengo una compañera de trabajo musulmana. Lleva velo y sé que mientras su marido y sus dos hijos comen en el salón ella lo hace en la cocina. No quiero eso en España. Tampoco reuniones clandestinas en las mezquitas que terminen con una sorpresa desagradable", dice Juan Martínez, profesor en un colegio de Algeciras. Su opinión es común a muchos europeos. "¿Cómo sé que una chica que lleva velo lo hace por ella misma o por presiones?".

    Sacar las mezquitas de los garajes y pisos y que haya control sobre ellas, como se hace con las iglesias, es un método, según Rodríguez. "Lo que es difícil es controlar que una mujer lleva velo porque quiere. Debemos darle todos los elementos para decidir. Que prime la educación, y no permitir que se dejen de hacer actividades obligatorias como la gimnasia", dice.

    España supera la media europea en integración, según el último Índice de Políticas de Integración de Inmigrantes de la Comisión Europea, por encima de países como Reino Unido o Francia. La comunidad islámica se siente "bastante adaptada" a la vida y las costumbres españolas. Un 80%, según una encuesta de Metroscopia de 2006. Aún así, el 40% de ellos siente que los españoles desconfían de sus creencias. El lado opuesto lo ilustra una encuesta de la Universidad de La Sapienza de Roma. El 50% de los jóvenes de entre 14 y 18 años creía que los musulmanes tienen "leyes bárbaras y que apoyan el terrorismo internacional".

    Vuelve ese resquicio del miedo al desconocido, al diferente. Un debate que a veces olvida que también hay musulmanes españoles, franceses o británicos, a pesar de que, para muchos, el estado moderno no es religioso. Giovanni Sartori, politólogo y premio Príncipe de Asturias, uno de los primeros pensadores de izquierdas que criticaron el multiculturalismo asegura en una de sus obras que "el inmigrante de cultura teocrática plantea problemas muy distintos del inmigrante que acepta la separación entre religión y política". Ana Planet no está de acuerdo: "Parece que si te invaden mujeres con pañuelo es lo peor que te puede suceder. Piensan que son caballo de Troya de otras historias". "España es un Estado laico y en él impera la libertad religiosa, tanto si se es religioso como si no", asegura.

    Pero entonces, ¿qué política de acogida es más adecuada? Ni la francesa ni la británica, según el Gobierno y el Partido Popular. Los inmigrantes lo tienen claro. "Dejar de coexistir y pasar a convivir", dice Mekia Medjar, argelina de 34 años. Y eso para ella necesita más participación. El único sistema adecuado para Cachón: "Hay que dejar de considerar al inmigrante mano de obra temporal y tenerlo en cuenta en términos de ciudadanía. Eso es la integración, que la sociedad de acogida acepte la presencia de los extranjeros incorporando al bagaje común lo que los extranjeros traen".
    Fuente: www.elpais.com

    febrero 14, 2008

    La comunidad rumana se quintuplica en un año y ya es la colonia de extranjeros más amplia de Asturias

    No resulta tan llamativo que se hayan convertido en la comunidad inmigrante más numerosa de Asturias como la forma tan vertiginosa en que lo han hecho. En un solo año, los 791 ciudadanos rumanos que residían legalmente en el Principado a finales de 2006 se han multiplicado por cinco, hasta alcanzar los 4.457 que el Observatorio Permanente de la Inmigración tiene registrados en sus informes estadísticos a 31 de diciembre de 2007. Pero no es un movimiento aislado. También en el resto de España se ha producido un fenómeno similar. En el mismo periodo de tiempo se han registrado 392.564 autorizaciones de residencia a ciudadanos rumanos en todo el país, más de una tercera parte de los 957.000 extranjeros regularizados en España en el último año.

    La entrada de Rumanía en la Unión Europea el 1 de enero de 2007 no parece haber sido ajena a esta masiva llegada de emigrantes del país báltico, que mientras a nivel nacional están a punto de superar a los marroquíes, desde años liderando el colectivo mayoritario de extranjeros residentes en España, en Asturias han rebasado en 234 compatriotas a la comunidad ecuatoriana. Con ello no sólo se convierten en el núcleo más amplio de inmigrantes, sino que rompen el tradicional dominio de los iberoamericanos a la hora de instalarse en el Principado.

    Porque, además de los ecuatorianos, colombianos, dominicanos brasileños y argentinos se encuentran entre las diez comunidades inmigrantes más numerosas de Asturias, con la peculiaridad de que la argentina, una de las más madrugadoras en llegar, es la única que ha rebajado ligeramente su presencia en el último año. Los 1.138 registrados en 2006 han quedado reducidos a 1.089.
    El resto, compuesto también por portugueses, polacos, marroquíes y chinos ha crecido entre 200 y 500 personas en un año, hecho que ha propiciado que el número total de extranjeros regularizados en Asturias ascienda a 32.394, 7.615 más que los 24.779 registrados por el Observatorio Permanente de la Inmigración.

    14.688 iberoamericanos
    En cualquier caso, los iberoamericanos siguen llevando el peso de la presencia extranjera en Asturias, con 14.688 censados, seguidos por los 12.138 procedentes de la Europa comunitaria. Los 2.686 portugueses, los 1.395 polacos o los 840 italianos sólo son una muestra de los 12.138 que se reparten fundamentalmente por el triángulo central de Asturias.
    No son muchos los africanos que se han decidido a cruzar el país para llegar hasta aquí. Sólo 2.837, la mayor parte, 1.624, marroquíes, así como senegaleses y argelinos, mientras que son 1.334 los asiáticos que viven en el Principado. El grueso son chinos, 930, pero también hay una incipiente presencia filipina y pakistaní.

    Inmigrantes por puntos

    En elecciones los dirigentes políticos del Partido Popular se desmadran. Hoy piensan en una ciudadanía de integración por puntos para inmigrantes. Se trata de una propuesta cuyo fondo, de no ser por su contenido xenófobo y racista, deberíamos tomarlo a guasa. Según sus dirigentes más avezados, Mariano Rajoy y Arias Cañete, los emigrantes, si ganan los comicios, deberán pasar por un test de calidad. Firmar un documento en el cual se comprometen a ser subsumidos y ser respetuosos con los valores y las costumbres del país. Un examen de admisión en toda regla. Si suspenden serán repatriados por inadaptados al considerárseles un problema para la seguridad interior del Estado.

    Pero, ¿qué significa respetar las costumbres? ¿Se puede obligar a un inmigrante a sentirse español y asumir su cultura? Pensemos en algunas de las cuales, los españoles, se sienten orgullosos cuando salen al exterior. Si hacemos una lista, el vino destaca entre ellos. Así, se podría exigir a un musulmán beber sus caldos con denominación de origen en concordancia con la comunidad autónoma de residencia. Rioja, Valdepeñas, Cariñena, Penedes, etcétera. Tras los vinos se vanaglorian de sus productos genéricos. La tortilla de patatas, el jamón ibérico, los quesos y embutidos. Los inmigrantes deberán comer continuamente jamón ibérico, queso manchego, tortilla española, pan de hogaza y paella, entre otros platos típicos. Igualmente, deberá estar vestido para la ocasión. Traje típico y bailar jotas, chotis, o lo que indiquen sus anfitriones. Así, el inmigrante irá asimilando costumbres y se sentirá uno más de la comunidad. Otro elemento importante es hablar correctamente la lengua. No se puede ser inmigrante y optar a la españolidad sin un perfecto dominio del castellano y sus diferencias. Hay que distinguir y pronunciar el acento gallego, andaluz, vasco o valenciano. También debe cumplir con ciertos requisitos deportivos. Los españoles se sienten orgullosos de tener deportistas en la elite mundial. Nadal en tenis, Alonso en Fórmula Uno, Gasol en baloncesto. Los inmigrantes tienen la obligación de ser fervientes forofos de dichos personajes. Ni se le ocurra apoyar o mostrar preferencias por un extranjero. Ni qué decir del fútbol. Para ser un inmigrante con costumbres españolas, tendrá que estar al día de que ocurre en la liga nacional. Ser socio del Real Madrid, el Barça y apoyar a la selección española. Como se trata de ser más papistas que el Papa, no queda mal integrarse en las bandas ultras de cada equipo. Para la derecha española sería un síntoma de asumir las costumbres y comportarse como un buen inmigrante. Ello permitiría ganar puntos para gozar de un permiso de trabajo y de residencia. Ahora bien, tampoco puede ver programas ni películas extranjeras. Debe siempre preferir la producción nacional y las series y telenovelas del país. Todo para asimilar las costumbres. Sin embargo, haga lo que haga, siempre corre el riesgo de ser considerado despectivamente. Es un ser inferior, mediocre y no está a la altura de los españoles. Requiere un aprendizaje. De allí que debe someterse a un test de españolidad. Ser un camarero, por ejemplo, es complejo y los ecuatorianos que laboran en el sector son lentos y torpes. No pueden compararse con la vieja guardia nacional. En boca de Arias Cañete, secretario ejecutivo de economía y empleo del Partido Popular, se diferencian de aquellos maravillosos que teníamos, que les pedíamos un cortado, mi tostada con crema, la mía con manteca colorá, y a mí una de boquerones con vinagre, y te lo traía todo con una enorme eficacia. A los actuales inmigrantes hosteleros que trabajan 12 horas por un sueldo miserable, se les cae el café, tardan, no recuerdan el pedido, huelen mal, son negros, bajitos y te miran con odio cuando no dejas propinas.

    Los populares subsanarán todos estos hándicaps. Según ellos, si no aprenden bien el castellano y no se asimilan serán, repito, expulsados en término de un año. No se trata de que cumplan las leyes y se integren, sino de ser asimilados en tanto esclavos al servicio de los señores esclavistas de nuevo cuño. En este sentido, les propongo a los señores del Partido Popular una cartilla para inmigrantes. Se trataría de obtener puntos para garantizar su control y correcto aprendizaje de las costumbres donde empresarios y españoles de bien, como antes los cristianos viejos, puedan sellar los recuadros hasta completar la cartilla. Por ejemplo: hablar sin sesear sumaría 10 puntos. Asistir a tablaos flamencos, corridas de toros y Semana Santa, cinco puntos. Vivas al rey dos puntos. Criticar los matrimonios gays, manifestarse contra la educación por la ciudadanía, apoyar la familia tradicional, asistir a misa los domingos y declararse en pro de la educación privada, 20 puntos.

    Sin embargo, más allá de esta mala caricatura, la propuesta del Partido Popular cuenta con un respaldo amplio de la población española. Sobre todo en los sectores populares y medios. Estos ven con recelo la llegada de tanto inmigrante y lo consideran un peligro. Además aflora el sentimiento xenófobo y racista en otra parte de la sociedad. Cuando se juntan estos ingredientes el discurso contra la inmigración cala profundamente y se convierte en un argumento para defender la identidad nacional. Los más afectados, trabajadores sin oficio, jornaleros, obreros de la construcción etcétera. Ellos ven al recién llegado como enemigo, como esquirol. Trabajan por menos dinero, contratos basura, cuando no ilegales.

    El discurso político de la derecha ha metido en la cabeza de los españoles la falsa idea de ser, los inmigrantes, los responsables del colapso de la sanidad pública y culpables del déficit de la seguridad social. Es una realidad tenebrosa. Un sector importante se identifica con este discurso, votará al Partido Popular y, por tanto, apoya esta medida. Lo mismo ocurrió en Francia con Sarkozy.

    En conclusión, estas políticas evidencian que la derecha no busca que los inmigrantes cumplan con la ley ni la integración, sino el sometimiento y la pérdida de identidad en favor de una dominación que va más allá de una lógica de conocimiento histórico de los valores y las costumbres de la sociedad en la cual trabajan, coadyuvan a su desarrollo y enriquecen cultural, económica y políticamente. Para la derecha siempre serán mano de obra barata de segunda clase.

    * Marcos Roitman Rosenmann es sociólogo

    febrero 07, 2008

    Rajoy promete integración a los inmigrantes a cambio de "cumplir las leyes"

    El líder del PP, Mariano Rajoy, ha anunciado que si gana las elecciones generales propondrá un contrato de integración para todos aquellos inmigrantes que quieran obtener un permiso de residencia legal en España superior a un año. A cambio el inmigrante deberá comprometerse "a cumplir las leyes y aprender la lengua".

    El inmigrante se comprometerá a "cumplir las leyes, respetar las costumbres de los españoles, a aprender la lengua, a pagar sus impuestos y a trabajar activamente para integrarse", según ha explicado el líder de los populares. El anuncio lo ha hecho en unas jornadas sobre inmigración organizadas por el PP en Barcelona.
    A cambio del compromiso del inmigrante la sociedad española le concederá "los mismos derechos y prestaciones que a un español". "Enseñarle la lengua, ayudar en su integración y respetar sus creencias y costumbres siempre que no sean contrarias a las leyes españolas", serán algunas de las prestaciones que recibirán.

    "No habrá regulaciones masivas"

    "Nunca más habrá regulaciones masivas", ha destacado el líder del PP antes de defender la necesidad de una reforma en materia de inmigración. Una de sus promesas electorales será la creación de una Agencia de Inmigración y empleo que atienda las demandas de las empresas del país sobre supervisión y formación de los trabajadores extranjeros. CGS