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Los que viven con menos de 270 euros


La crisis golpea con fuerza a las familias sierenses. Cáritas Parroquial, la última línea de defensa para las víctimas de la compleja situación económica, está desbordada ante el incremento de las peticiones de ayuda. Tanto que en la delegación de Pola de Siero han tenido que rectificar sus criterios para el reparto de vales de comida y ayudas económicas, mientras que en la de Lugones han atendido en los primeros tres meses del año a más de la mitad del total de familias a las que auxiliaron en 2012. En esta localidad, el colectivo destaca el alto número de inmigrantes que acuden a la organización: «De las 41 familias que han acudido a nosotros en estos meses, unas treinta son inmigrantes. Hay incluso familias de credo musulmán, a las que por supuesto también se presta toda la ayuda posible», explica Serrano, quien antepone el servicio humanitario al evangélico.

El director de Cáritas Parroquial «San Pedro Apóstol» de Pola de Siero, José Ramón Paredes, no oculta su preocupación ante el deterioro de la situación socioeconómica: «Hemos llegado a un punto en el que los que perciben la ayuda de los 426 euros, la que dan a los parados con cargas familiares que han agotado las prestaciones, son unos privilegiados. Nos estamos encontrando con gente que no tiene ni siquiera eso, por lo que hemos tenido que replantearnos el sistema de ayudas para llegar al mayor número de gente posible», explica.

Ese nuevo sistema de ayudas se basa en una sencilla resta: los ingresos de la familia menos la renta que han de pagar por su vivienda. El resultado se coteja con el número de miembros de la unidad familiar: en una familia de tres miembros, Cáritas de la Pola entrega comida a aquellos que tengan un saldo inferior a los 470 euros, y si está por debajo de los 270 se añade una pequeña ayuda económica.

«No podemos entrar a valorar otras deudas o circunstancias. Hemos ido a lo más básico y lo que supone una mayor carga para las familias, la renta, y a partir de eso y los ingresos hemos hecho unas tablas, teniendo en cuenta el salario básico», explica Paredes.

De hecho, Cáritas Parroquial de la Pola no es la única entidad que se guía por tablas de este tipo. El Banco de Alimentos, sin ir más lejos, toma como referencia el salario mínimo interprofesional, para marcar unos hitos, también en función del número de miembros de la unidad familiar. Pero Cáritas aún ha tenido que bajar el listón por debajo de esos guarismos, debido al aluvión de solicitudes de ayuda que están recibiendo.

Ese incremento de los potenciales beneficiarios es precisamente el detonante de esta reorganización del sistema de ayudas. En 2012, Cáritas Parroquial de la Pola atendió a 110 familias, que sumaron un total de 325 personas, y dio 1.295 comidas a transeúntes. Unas cifras que estiman que van en aumento.

Aunque la organización polesa no tiene aún cifras concretas de estos primeros meses de 2013, su hermana lugonense sí que cuenta con un cálculo exacto: en lo que va de año, se ha atendido ya a 41 familias, 16 de las cuales no habían acudido antes a Cáritas. Unas cifras que todo apunta a que superarán con creces las de 2012, cuando 75 familias, 56 de ellas nuevas, acudieron a la organización parroquial en Lugones.

El director de Cáritas Parroquial de Lugones es Joaquín Serrano, el párroco local, quien está flanqueado por un grupo estable de ocho personas que colaboran de manera desinteresada. Lo que sorprende a los lugonenses no es tanto este elevado volumen de familias inmigrantes que acuden a Cáritas, algo comprensible en la localidad con mayor porcentaje de residentes extranjeros del cuarto concejo, sino el incremento de peticiones que están recibiendo de gente asentada desde hace muchos años en la localidad: «Estamos atendiendo a gente muy nuestra, de aquí de toda la vida. Gente que incluso conocemos», explica Serrano.

A juicio del párroco, este incremento de vecinos oriundos de Lugones que acuden a la organización benéfica define muy bien el impacto real de esta crisis: «Hablamos de unos números que son expresión dramática de una realidad. Cada una de esas familias está pasando por un auténtico drama, y acuden a nosotros porque no tienen otra salida».

Una opinión que comparte José Ramón Paredes, quien también alerta de las profundidades que ha alcanzado la crisis: «Nos está llegando mucha gente con cero ingresos, que no tiene nada. Y actualmente hacemos el seguimiento de cuatro parejas jóvenes, menores de 20 años, que están esperando un hijo sin perspectivas de lograr empleo ni vivienda, y a las que sus familias no pueden atender».

La Nueva España

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