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Un 40% de paro extranjero es una bomba de relojería

De los datos de la Encuesta de Población Activa de esta mañana, hay uno que ha pasado excesivamente desapercibido y que, sin embargo, tiene una importancia capital de cara al futuro político, económico y hasta social de nuestro país: el paro entre la población inmigrante ha alcanzado el primer trimestre de 2013 el 39,21% del total. Es verdad que, al igual que ocurre con el desempleo juvenil, no todos los ciudadanos foráneos activos son parados; muchos de ellos están inactivos, caso de los estudiantes, incapacitados y similares. Pero aún así. Un porcentaje como el reseñado es una auténtica bomba de relojería. Y, quien no lo quiera ver, que se dé un garbeo por los países de nuestro entorno y me cuenta.

Antes de entrar en los motivos, es necesario plantear numéricamente la cuestión. De la profusión de epígrafes con que nos regala la EPA destacaría lo siguiente.

  1. En España hay 4.976.000 extranjeros.
  2. De ellos llevan en España siete años o más 3.170.000, un parámetro muy relevante a efectos de su movilidad e integración. Con entre cuatro y seis años de residencia se encuentran 1.210.000. Estos últimos sólo han conocido una piel de toro en crisis. La suma de ambas categorías supone el 88% del total. Apenas 83.000 han llegado en el último año.
  3. Activos son 3.321.200 mientras que los ocupados se reducen a 2.018.900. Por tanto, los parados ascienden a 1.302.300.
  4. Ateniendo a su permanencia en España, sufren el desempleo el 38,7% de los que llevan más de siete años y el 39,75% de los del rango de 4-6. Estamos hablando de gente que probablemente ha consolidado derechos económicos con la Seguridad Social española.
  5. Por regiones de procedencia, la tasa de paro entre ciudadanos de la UE es del 33%, en los europeos no comunitarios se sitúa en el 35,61%, alcanza el 39,72% entre los inmigrantes latinoamericanos y se dispara al 47,2% entre el resto, africanos y asiáticos fundamentalmente.

Bien, ¿por qué es esto importante? Por varias razones, todas ellas futuribles… o no, situados en el peor escenario… o no:

  1. En primer lugar porque buena parte de los que llevan más tiempo en España se ven en la encrucijada de no tener ingresos pero tener un arraigo, las más de las veces a través de sus hijos, y un orgullo que les impide volver a sus naciones de origen con una mano delante y otra detrás. Por tanto estarán dispuestos a competir a cualquier precio por el trabajo, desplazando si es necesario a los trabajadores locales y ahondando en la deflación salarial.
  2. En segundo término, y como comentábamos antes, es gente que ha contribuido al sistema –y por tanto se lo han ganado, no cabe duda- pero que ahora es demandante neto de servicios del mismo, tales como la educación y la sanidad. Su presencia legítima, en un momento en el que hay una vuelta a rastras a lo público de quien no se puede permitir pagar más el privado y se recortan las prestaciones, puede ser, ojalá me equivoque, fuente de conflictos.
  3. Es evidente que en un entorno recesivo como el que se prevé en nuestro país en los próximos años, estos dos ingredientes constituyen un buen caldo de cultivo para el discurso xenófobo y no cabe descartar que surjan en un futuro no muy lejano formaciones políticas que traten de una manera u otra de capitalizar ese sentimiento a través del victimismo y la tergiversación de los hechos, características recurrentes en cualquier extremismo. Será tanto más probable cuanto más se prolongue la crisis.
  4. Es importante el hecho de que la mayor desocupación se da, como no podía ser de otra manera, entre los teóricamente menos adaptados, continental o lingüísticamente, a la cultura española. La experiencia en otras naciones, incluso entre aquellas que han tenido un pasado colonial, es que la falta de trabajo, de integración y de recursos lleva a estos inmigrantes a recluirse en guetos que acaban siendo, en el peor de los casos, mini ciudades sin ley.

Es evidente que hay una gran mayoría de los extranjeros que han llegado a España en los últimos años que son unos ‘españoles’ más. Sin embargo, no es menos verdad que la convivencia cotidiana va a pasar una importante prueba de fuego en el futuro inmediato. Un 40% de paro en este colectivo es, se mire por donde se mire, una bomba de relojería con un doble problema añadido: la inmadurez democrática, que nos lleva a tolerar dislates como el asalto al congreso y, a partir de ahí, lo que sea; y el hecho de que cualquier intento de extinguir su mecha lleva aparejado un enorme coste burocrático y social que a ver qué ejecutivo está dispuesto a asumir.

Si servidor fuera un político con un poquito de sentido de estado, no tendría esta cuestión en la parte baja de la carpeta ‘things to do’. Más bien al contrario. No solo plantearía repatriaciones (ahora que el cono sur despega), ajustes en las prestaciones (para limitar el turismo sanitario, por poner solo un ejemplo) u homogeneizaciones a fin de quitar prelaciones innecesarias como las educativas, sino que estaría trabajando desde ayer en planes de integración, de promoción social de estos colectivos, de apropiación del talento que pueden aportar… antes de que sea demasiado tarde. Pero no da, la mollera de nuestros dirigentes no da.

Quédense, por si acaso, con la copla. Están avisados.

Buen fin de semana a todos.

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