Última hora

Crisis en España no frena migración nica

A pesar de la crisis económica que atraviesa España, la cantidad de nicaragüenses que persiguen el sueño europeo no se detiene y va en aumento, así lo confirman las estadísticas del Ayuntamiento de Madrid, ya que los nicas empadronados pasaron de 443 en enero 2006 a 2,632 en enero de este año.

Para viajar en busca de un trabajo mejor remunerado, la mayoría de los compatriotas se endeudan, y una vez en la Madre Patria deben superar el control migratorio para no ser deportados. La mayoría de quienes deciden “cruzar el charco” son mujeres, porque encuentran trabajos cuidando pisos (apartamentos) en donde hay niños o ancianos.p>Algunas nicas, como Bismara y Keyling, quienes trabajan de internas, deciden ganar dinero extra, vendiendo comida típica los fines de semana.

Una de las definiciones de “sueño”, según la Real Academia de la Lengua Española es: “Proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”. Sin embargo, con el pasar de los años son más los nicaragüenses que cruzan “el charco”, para cumplir lo que llaman el sueño europeo, sin importar el eco cada vez más fuerte de la crisis por la que atraviesa “la madre patria”.

Para obtener un estatus legal, los nicaragüenses tienen que empadronarse. De acuerdo con datos del Ayuntamiento de Madrid, en esta ciudad la cantidad de personas de origen nicaragüense empadronados pasó de 443 en enero 2006, a 2,632 en enero 2013, incrementando sobre todo la cantidad de mujeres, que pasaron de 85 damas por cada cien hombres, a 385 por cada cien varones en enero de este año.

Una de estas mujeres nicaragüenses se llama Bismara Marín, quien nació en Jalapa, Nueva Segovia, pero que desde los seis años vivió en Managua, hasta el 2008 cuando se instaló en Madrid, España, para poder ahorrar, comprar una casa y brindarle una mejor vida a su bebé de nueve meses.

En el 2007, Bismara hizo un primer intento de ingresar a España, pidió dinero prestado para ella y para su hermana. Su hermana de 23 años logró pasar el control migratorio, pero ella fue regresada a Nicaragua.

“Cuando estaba en Barajas (el aeropuerto de Madrid) me preguntaron a qué venía, cuánto dinero traía, si tenía familia aquí. Andaba mil doscientos dólares, traía reservación de hotel. Me quitaron el pasaporte y me dijeron que pasara a una sala”, recuerda.

Los nicaragüenses no requieren visado para ingresar en los países del espacio Schengen, entre ellos España, pero deben llenar una serie de requisitos, como tener boleto de regreso, una reserva de hotel, seguro de viaje y suficiente dinero para su estadía.

“Me dieron un papel que decía que te expulsaban del país porque eras deportado. Yo no lo firmé, porque mi madre me dijo que no firmara nada en ningún momento. Recuerdo que había una chica que la devolvieron, había hipotecado su casa, era hija única, había perdido todo ese dinero que prestó en el banco y, además, tenía que regresar y perder su casa”, expresa.

En enero 2008, realizó un segundo intento y consiguió ingresar a España. En Managua declaró su pasaporte como robado, porque tenía el sello de “no admitido” y con el nuevo documento voló nuevamente a Madrid, esta vez haciendo escala por México y no por Costa Rica, aterrizando en la Terminal 2 y no por la 4.

Manifiesta que las primeras noches no se adaptaba al frío, y sentía que le dolían hasta los dientes.

Un buen inicio a pesar de la crisis

El 2008 es colocado en España como el inicio de la crisis económica, pero para Bismara fue un buen año para encontrar trabajo, llegando a tener hasta 20 entrevistas a la semana.

No aceptó trabajos como el de cuidar cinco perros y seis niños por 600 euros mensuales, ni otro en el que debía levantar a una señora “con grúa”. Fue hasta el 10 de febrero de 2008 que recibió la propuesta de cuidar a unos mellizos y, ahora, cinco años después, continúa en ese puesto.

La deuda la canceló en dos años y pudo comprar un terreno en Sabana Grande, el que ahora piensa vender para comprar una casa. Actualmente vive en un “piso” (apartamento) que comparte con su pareja, un dominicano que está en Madrid desde el 2005 y ya está legalizado, su prima Keyling, y otra nicaragüense.

En Nicaragua Bismara trabajó vendiendo zapatos, ropa, cocinando, y en una zona franca. Terminó el bachillerato y aunque quería estudiar Relaciones Internacionales, no pudo hacerlo porque no tenía dinero para pagar los libros y en las universidades públicas de Nicaragua pocos pasan los exámenes de admisión.

“Fui a Nicaragua el año pasado, cuando me salieron los papeles. Pensaba que la niña no me iba a querer porque ya eran cinco años. Dejas una niña de 17 meses y piensas que no podés pedir que te quiera de primas a primera, pero no fue así, porque la primera reacción de ella es que se me tira encima y me abraza”, expresó Bismara, llorando de emoción al recordar a su bebita.

Bismara recibió su tarjeta de identidad (número de identidad de extranjero, NIE), después de tres años de estar irregular, lo que se conoce como arraigo social. Actualmente está renovando su NIE, y al llevar ya dos años con esa tarjeta, puede optar a la nacionalidad por residencia.

Sin embargo, su prima Keyling Torres, de 25 años, lleva apenas un año y medio en Madrid, de los tres que debe pasar ilegal.

“Todos dicen el sueño americano, en mi caso fue el sueño europeo. Tengo un hijo de seis años, soy madre soltera. Mi madre tiene un tramo en el Mayoreo. Yo hacía los nacatamales los viernes, sábado y domingo y así nos manteníamos, ella me ayudaba y yo le ayudaba a ella”, recuerda.

En el aeropuerto de Barajas las preguntas fueron las mismas que le hicieron a Bismara y ella dijo que llegó a Madrid a ver un partido de fútbol en el estadio del Real Madrid, Santiago Bernabéu, y también a conocer la fuente de Cibeles y otros lugares. “Por debajo me apretaba las manos, porque cuando estás en ese momento es como estar en el corredor de la muerte y no sabés lo que podés esperar”, dice.

Ella llegó a Madrid en octubre del 2011 y le tocó ver cómo regresaban a una chica. “Ella dice que la trataron mal, que le dijeron que la basura tenía que regresar al lugar de donde vino”, relata.

Actualmente recibe 780 euros mensuales por cuidar tres pisos, en los que están una señora de 75 años, dos niños --uno de cuatro y una de nueve-- y sus padres, y otro en que hay un consultorio.

“Tengo deseos de volver, pero cuando tenga mis papeles. Aquí se pasa las duras y las maduras. Se pasan humillaciones”, afirma Keyling.

Mientras pueda legalizar su situación como buena católica y buena nica, dice, “las Tres Divinas Personas y que el Señor le acompañen” antes de salir, porque uno se pone tenso cuando ve a un grupo de policías. “Uno sufre cuando miras a un grupo de policías y tratas de no ‘chivearte’ como decimos allá, porque ser inmigrante en esta ciudad es andar como si fueras un ladrón en fuga”, comenta.

La legalización por arraigo social

José Luis Rodríguez Marqués, abogado español, explica que en el caso de los nicaragüenses que tienen derecho a estar 90 días en el país, se infringe Ley Orgánica 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, hasta transcurrido ese tiempo, cuando adquieren su condición de “inmigrante irregular”.

Detalla que entre las diferentes vías que tienen para regularizar su situación, la más común es la figura jurídica del arraigo social, por la cual todo extranjero originario de fuera de la Unión Europea puede conseguir un permiso de residencia y de trabajo por un año, siempre y cuando pueda justificar su permanencia en España durante un período continuado de tres años y cuente con una oferta de trabajo.

“Si ha conseguido sobrevivir durante tres años sin representar una carga para el Estado es más fructífero que esté dado de alta y pague sus impuestos, evitando así la economía sumergida”, explica Rodríguez.

A la hora de justificar la permanencia de 3 años para el arraigo se tiene como fecha inicial la inscripción en el Padrón Municipal. Un trámite administrativo ante la administración local, donde el titular de la vivienda da fe de que una determinada persona habita en esa casa y en el caso de la oferta de trabajo debe ser mínima por un año y debe de existir un compromiso de alta en la Seguridad Social.

Además se exigen otros requisitos como un informe favorable de integración social en la comunidad, emitido por el asistente social del ayuntamiento donde se esté empadronado, así como la asistencia a unos módulos formativos de escasa duración, que no superan las dos horas, relativas a leyes, derechos y formas de búsqueda de empleo.

Una vez presentada la solicitud de arraigo, se obtiene un resguardo con el cual estando documentado con pasaporte se puede evitar ser deportado. La contestación a la solicitud puede tardar varios meses. Si es favorable, se cita al extranjero a poner huellas y así obtener su primera tarjeta identificativa (NIE) que autoriza a residir y trabajar en España (no autoriza a trabajar ni a residir en ningún otro país miembro de la UE) por el período de un año. Esta tarjeta cumpliendo determinadas circunstancias puede ser renovada por otra a su expiración y así sucesivamente.

“Para obtener pasaporte español y gozar de los mismos derechos que un ciudadano de la UE, hay que nacionalizarse. España tiene acuerdos de doble nacionalidad con países con los que tuvo determinados vínculos históricos. Una de las formas de nacionalizarse es adquiriendo la misma por residencia. Un extranjero latinoamericano puede solicitar la nacionalidad por residencia, justificando dos años de residencia legal, es decir dos años con autorización para residir”, añade Rodríguez.

El Nuevo Diario

No hay comentarios