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El confinamiento como herramienta política


Es sabido que a través del móvil, de internet, de nuestros gustos televisivos, de las cámaras en las calles, de chips bajo la piel, del GPS, de policías, de ejército, de tarjetas de crédito, de drones…, el Gran Hermano nos controla, registra nuestros movimientos para que no le decepcionemos ni como seres consumidores. Por eso, tenernos ahora confinados es el logro de los logros. En estos años la vigilancia se ha hecho extrema, el bicho sabe cómo pensamos, dónde nos movemos, quiénes son nuestras amistades y consigue incluso que parte de la población lo defienda usando su argumento central: «es para protegernos» (¿de quién será?, ¿de Fidel Castro?).

Sabe que las grandes transformaciones sociales no se hacen desde el balcón aplaudiendo ni poniendo un like en Facebook, y por eso su labor primera es detectar disidentes activos, luego ocasionales y más luego casuales. Hay en todo esto también un trabajo soterrado de impregnación de pesimismo, de transmisión de que es un ente todopoderoso contra el que nada se puede hacer. Así que desorganizaros definitivamente y volver a casa confinados, a practicar la meditación entre serie y serie de Netflix, porque no hay más.

El mundo no podrá cambiarse, no perder el tiempo. Y sin embargo se mueve, dijo, al parecer, Galileo. Lo clavó.
-insurgente.org

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