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Cayucos

Cada año en la estación seca antes de las lluvias de mayo y junio, un millón de cabezas de ganado mauritano, entre el 5 y el 10 por ciento de la ganadería del país, cruza la frontera en Senegal y Malí para conseguir agua y pasto antes de que las lluvias aneguen los llanos áridos de Mauritania. La ganadería y el uso masivo de leña como combustible ha provocado la expansión del desierto y la proliferación de la langosta, en un círculo infernal. La población se ha triplicado y más del 80 por ciento de la superficie cultivable se ha desertizado, realimentando el conflicto con los ganaderos.

En 1989 una ola de violencia por los pastizales en el río Senegal provocó cientos de muertes y el desplazamiento a Senegal de más de 70.000 negros mauritanos de la etnia Tukulor y Soninké. España, junto a otros países, participó entonces poniendo los medios aéreos y logísticos para la deportación.

Aunque una parte de estos desplazados ha regresado, decenas de miles malviven todavía desarraigados en Senegal. El pasado 5 de mayo los dos países firmaron un acuerdo ganadero para evitar un nuevo estallido de xenofobia de imprevisibles consecuencias.

Tradicionalmente, cientos de miles de personas dedicadas al pequeño comercio atravesaban la frontera con Senegal, pero el conflicto de los pastizales condenó esta actividad. En el plano étnico, los moros blancos de origen bereber (Beidane) ejercen la discriminación sistemática de los moros negros (Haratine), que son musulmanes y hablan árabe (los Kewri del Sur agrupan a los HalPulaar -Pulaar, Tukulor y Fulani-, los Soninké y los Wolof). Las sucesivas campañas represivas instigadas desde el Gobierno se asemejan al apartheid sudafricano. La esclavitud es endémica desde hace siglos y, aunque las autoridades se esfuerzan en negarlo y reprimir cualquier denuncia interna, organizaciones como Human Rights Watch o SOS Slaves consideran que esta lacra continúa afectando a no menos de 90.000 personas en Mauritania.

Otras cifras hablan de 300.000 personas sometidas a formas encubiertas de esclavitud heredada. Todos estos desfavorecidos sociales son candidatos a engrosar las filas del islamismo radical.

También el mar, una de las principales riquezas del país, se desertiza por la acción indiscriminada de los grandes arrastreros taiwaneses y europeos.

El litoral mauritano está amenazado además por la extracción de petróleo y gas en alta mar, al arbitrio de oscuros manejos de las compañías petroleras (Shell, Woodside, Repsol, etc.). Las denuncias por corrupción gubernamental en los contratos son públicas y están detrás del golpe de estado de agosto pasado, pero el nuevo gobierno sigue una conducta similar, entregado al neoliberalismo, las inversiones extranjeras, las facilidades a los beneficios, la fidelidad al FMI, etc. Mientras, los gobiernos europeos emplean los créditos de ayuda al desarrollo para generar endeudamiento y dependencia, renegociando luego la condonación a cambio de favores para la penetración de las compañías extranjeras. Hay sobornos personales pero también deudas de Estado.

En la última etapa de Aznar España secundó así la estrategia petrolera africana del Trío de las Azores. El golpe de estado ha supuesto un giro, favoreciendo la influencia de Marruecos y Francia y la causa marroquí en el Sahara Occidental, más cerca de la política exterior del PSOE. Todos estos intereses internacionales, en torno a la explotación del petróleo, el golpe de estado y la ocupación del Sahara Occidental, permiten pensar que la crisis de los cayucos no es casual. Las delegaciones canarias, con José Carlos Mauricio al frente, no son más que una cortina de humo, una payasada.

De alguna manera, a pesar de las afirmaciones públicas de la Junta militar, se ha extendido por Mauritania, Senegal, Malí hasta Nigeria, que desde la frontera senegalesa y las costas mauritanas no hay trabas a la emigración.

Por eso las mafias han actuado inmediatamente, dando salida a miles de jóvenes negros oprimidos, esclavizados, deportados u olvidados en toda esa extensa área de conflicto étnico y económico entre Mauritania y Senegal.

Ante la dantesca situación, el gobierno español carece de política exterior.

Se dedicará a repartir fondos reservados y llamar “acuerdos comerciales” e “iniciativas de desarrollo” al enriquecimiento criminal de las elites locales, que se lucran haciendo la vista gorda a la emigración masiva. En eso consiste el “Plan África”. Las causas de fondo apenas cambiarán. Un fondo atestado de cadáveres. Canarias ahora.
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