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Inmigrantes en Europa: los buenos, los malos y los ilegales

Chistophe Kenderian
El 4 de noviembre, luego de la Conferencia Ministerial Europea sobre Integración en Francia, los Ministros a cargo de la inmigración regresaron a casa con una misma caja de herramientas. Se evidencia la perspectiva de sombríos días para los inmigrantes en la Unión Europea.

Brice Hortefeux, el Ministro francés de Inmigración, Integración, Identidad Nacional y Desarrollo Solidario fue el anfitrión, los días 3 y 4 de noviembre, de la tercera Conferencia Ministerial Europea sobre Integración en Vichy, Francia. El Ministro galo organizó esta conferencia justo después de la aprobación del Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo (PEMA), en la cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea en Bruselas, el 16 de octubre.

Con este pacto, los países de la UE se comprometieron en reforzar la lucha contra la inmigración ilegal y en elaborar una política común sobre el asilo. Previeron también aumentar el número de expulsiones y prohibir las regularizaciones masivas, como las que se han hecho en España o Italia. En el futuro, cada regularización se estudiará caso por caso.

Siguiendo la misma lógica, la Conferencia Ministerial Europea sobre Integración encadenó con el mismo tipo de propuestas. Brice Hortefeux, en su declaración final, comunicó que el contenido sería publicado pronto en un documento oficial de la UE. Apuntó algunas medidas que pretende poner en práctica en Francia.

Hortefeux asume su autodenominado puesto de Ministro de los inmigrantes legales, los que respetan nuestras leyes, que respetan nuestras reglas y que tienen la voluntad de participar en la vida de la comunidad nacional. A ellos les expresa su optimismo al haberse logrado un consenso entre todos los Ministros europeos: Tenemos ahora tres prioridades comunes para favorecer la integración: saber hablar el idioma del país de acogida, acceder a un empleo y conocer los valores de las sociedades europeas y de la democracia.

Con estas tres prioridades, constituimos una caja de herramientas. Cada país la tiene hoy a su disposición y podrá tomar decisiones que se apliquen en la realidad.

El gobierno francés ya ha tomado algunas decisiones.

El Ministro propone la creación de escuelas para los padres migrantes. Este dispositivo permitiría a los padres tener una formación lingüística para ayudar a sus hijos en su aprendizaje. Sin embargo, desde septiembre pasado, 3.000 puestos de profesores especializados en apoyar a alumnos con dificultades fueron suprimidos. Según Pierre Henry, Director General de la organización Francia Tierra de Asilo, el derecho al aprendizaje no puede reducirse a un anuncio mediático. Debe ser acompañado con la formación de profesionales y con un financiamiento adecuado para que dé buenos resultados. La supresión de miles de puestos de profesores hace que yo desconfíe de este proyecto: su única ambición es mediática.

Fadela Amara, Secretaria de Estado ante el Ministro de Vivienda y de la Ciudad, encargada de la política de la ciudad, dijo el martes 4 de noviembre en Vichy que la taza de desempleo de los inmigrantes es dos o tres veces superior a los resultados nacionales. Pero a ellos y a todos los que no se les reconoce los títulos adquiridos fuera de la UE, les dijo el Ministro Hortefeux: vamos a mejorar su situación con medidas eficaces.

Desde hace años, las medidas del gobierno francés en materia de empleo consisten en crear condiciones de trabajo más precarias para todos. Desde junio 2008, se hizo público un proyecto de ley para que la duración legal del tiempo de trabajo sea negociado en cada empresa, y deje de estar bajo el cuidado del Estado. El primero de noviembre, los diputados adoptaron una disposición que permite trabajar “voluntariamente” hasta los 70 años, en vez de 65. Lo que está en juego es el futuro de los trabajadores, sin que importe su nacionalidad, mientras el gobierno francés está favoreciendo claramente a los empresarios.

Los inmigrantes tienen que conocer los valores de las sociedades europeas y de la democracia. Según el Ministro galo, este aprendizaje en Francia empieza con la enseñanza de la Marsellesa. Hortefeux quiere obligar los inmigrantes legales a aprender los rudimentos del patriotismo y del nacionalismo francés a través del himno nacional.

Entrando en la lógica del Ministro, los “buenos” inmigrantes serán los legales que cumplan con los requisitos del gobierno. Estos ganarán respetabilidad por sus méritos. Aparte, quedarán los otros legales y los “sin papeles”. El principio es que el gobierno institucionalice escalas de valor. Así, se irán reforzando los procesos de estigmatización, no solo entre franceses e inmigrantes, sino también entre los mismos inmigrantes. Entonces siempre habrá uno que podrá sentirse orgullosamente más francés que el otro, y estigmatizarlo a su vez. En francés, la expresión de Nicolás Maquiavelo dividir para reinar se ha convertido en un dicho explícito para definir ese tipo de estrategias.

Epílogo

Vichy, ciudad donde se reunieron los Ministros europeos, fue la sede del gobierno francés de 1940 a 1945, cuando el jefe del Estado decidió colaborar con el régimen nazi. En aquel entonces, la Milicia, verdadera policía paralela legal creada por el gobierno, empezó a incitar a los “buenos franceses” para que denuncien a los judíos. Algunos indicaron la presencia de judíos y la Milicia se los llevó presos sin ningún tipo de investigación. Después, la Milicia pidió el apoyo de los “buenos franceses” cuando recibió órdenes de perseguir a antifascistas, comunistas, anarquistas, gitanos, homosexuales, discapacitados, etc. Y la Milicia siguió arrestando y deportando a campos de concentración sin investigar.

Era tan fácil hacer arrestar a alguien, que entre vecinos empezaron a denunciarse porque no se llevaban bien, porque el panadero de la esquina le hacía competencia al otro, etc.

¿Mañana, habrá quien irá a denunciar a su vecino argelino por no haber aprendido la letra de la Marsellesa?

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