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60 familias de inmigrantes se acogen al retorno voluntario en poco más de un año.

 El Correo

Soñaban con volver algún día a su país pero el viaje se ha adelantado más de lo deseado. La crisis económica ha puesto contra las cuerdas a numerosos extranjeros, que se han visto obligados a renunciar a sus ilusiones y a hacer de nuevo las maletas para regresar a la ciudad de donde partieron en busca de un futuro mejor. En total, 60 familias de inmigrantes instaladas en Álava se han acogido al programa de retorno voluntario puesto en marcha por el Ejecutivo central a finales de 2008, según los datos facilitados por la delegación del Gobierno en el País Vasco. No son los únicos que vieron una salida en este plan. En torno a una decena más solicitaron la ayuda pero les fue denegada -en un caso- o esperan aún su tramitación -en el resto de peticiones-.
Si hay algo común a todos estos ciudadanos es su complicada situación en España y también que «se van para no volver», recalca Filomena Abrantes, presidenta desde hace más de una década de la Asociación Afroamericana. El programa, sin embargo, permite al beneficiario regresar tras permanecer, al menos, tres años en su lugar de origen.
El retorno voluntario, no obstante, exige a los interesados una serie de requisitos. Se dirige, por ejemplo, sólo a los nacidos en alguno de los veinte países no comunitarios -hasta 11 se hallan en América Central o del Sur- con los que el Gabinete Zapatero ha alcanzado un convenio bilateral en materia de Seguridad Social. El inmigrante debe, además, estar empadronado en Álava y apuntado en el Inem, donde se le tiene que haber reconocido el cobro de la prestación por desempleo pues será este dinero el que recibirá luego a través del plan. Es decir, necesitan haber trabajado con contrato, lo que deja fuera a los 'sin papeles'.

Cobro en dos plazos

«El proceso es demasiado engorroso y no todos los extranjeros que lo están pasando mal logran la ayuda», lamenta Abrantes en referencia a esas obligaciones que incluye el retorno voluntario y que provocan que «no funcione con tanta fluidez». Quienes sí disfrutan del programa recibirán el subsidio en dos tandas, en la primera se llevarán el 40% del dinero que les corresponde -desde su cobro cuentan con un mes de plazo para salir de España- y en la segunda, ya en su país, obtendrán el 60% restante. Además, podrán hacerse con alguna cantidad extra para los gastos del viaje. Xabier Manzano, responsable del programa de Intervención Social de Cruz Roja Álava, reconoce que un número «importante» de inmigrantes «se informan, inician el primer trámite -pasar un informe social- y cuando llega la resolución, deciden que no se van».

Esta organización se encarga desde hace años de tramitar los retornos voluntarios de carácter humanitario y asumió hace unos meses también la gestión del nuevo programa, que este curso les ha dejado ya media docena de usuarios. ¿La previsión? «Las cifras seguirán aumentando por la imposibilidad de muchos extranjeros de encontrar trabajo y salir adelante», explica Manzano. En España no hallan un hueco en el mercado laboral y la percepción del subsidio por desempleo puede permitirles vivir «medianamente bien» en su país. «Suelen utilizar el dinero para abrir un negocio, por ejemplo, uno de los últimos casos montó una bocatería», comenta el responsable de Intervención Social en la entidad.
La delegación del Gobierno en el País Vasco añade otras ventajas, como la oportunidad que se da a los beneficiarios de «asegurarse un retorno con las máximas garantías». Tal vez sea esta la razón que lleve a «todo tipo de inmigrantes», advierte Manzano, a reclamar la vuelta a casa. «No hay un perfil concreto. Lo normal es que quiera regresar la unidad familiar al completo pero también vienen personas solas, mayores, jóvenes... aunque la mayoría son sudamericanos», afirman desde Cruz Roja Álava.



1 comentario

yaivi dijo...

Algunos no regresan por muchas otras razones: http://yaivi.blogspot.com/2010/05/la-puerta-sin-retorno-o-por-que-los.html

http://yaivi.blogspot.com