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«En este bar no entran ni negros ni moros»

Sábado, dos de la madrugada, víspera de Carnaval. Las calles de Bilbao, más vacías de lo habitual, se preparan para acoger una de las noches más esperadas del año. Dos jóvenes magrebíes, vestidos de forma impecable, intentan acceder a un bar de copas de la calle Mazarredo. Los porteros del local les cierran el paso y, sin más explicaciones, les dicen que se marchen. Poco después aparecen dos chicos blancos con barba y pelo largo. Los guardas les abren la puerta y acceden sin problemas. A pocos metros les siguen dos negros de origen africano. Los vigilantes vuelven a entrar en acción y les impiden la entrada. Oumar y Ababacar preguntan por qué. «Porque en este bar no pueden entrar ni negros ni moros», zanja el empleado del pub.

No se trata de un caso aislado. Más bien, una práctica «extendida en muchos locales» de ocio nocturno de Bilbao y de otras localidades «como Barakaldo y Santurtzi». Es la conclusión que se puede extraer de la prueba que SOS Racismo realizó durante la madrugada del sábado en una decena de establecimientos de la capital vizcaína. EL CORREO acompañó a la organización internacional -creada para combatir la xenofobia- durante un recorrido de varias horas en el que ocho de los nueve bares examinados demostraron algún tipo de discriminación racial hacia magrebíes, negros o latinos. Los marroquíes que participaron en el test fueron los más marginados -se les denegó el acceso en 8 pubs-, seguidos a bastante distancia por los negros -en 4-. En cambio, sólo en un local se impidió el acceso a un ciudadano de origen sudamericano. Ningún establecimiento se negó a admitir a los blancos.

Coordinada por la red europea contra el racismo (EGAM), la prueba se realizó por primera vez de forma prácticamente simultánea en dieciséis ciudades de once países del viejo continente. Bilbao fue la única española en la que se llevó a cabo debido a la «experiencia» que acumula en este campo SOS Racismo-Bizkaia, que lleva «años» recibiendo denuncias de bares que «impiden el acceso o imponen condiciones discriminatorias en función del color de la piel».

«Fiesta privada»

El test comenzó poco después de las doce de la noche en Galerías Urquijo. Los participantes se dividieron en parejas y tríos de distintas razas. Lo que se pretendía era que cada grupo entrara por separado para comprobar las distintas reacciones de los encargados. Los resultados fueron «reveladores» desde el primer momento. La puerta del primer pub del recorrido ‘se cerró’ para los negros, magrebíes y latinos, excepto para los blancos que tomaron parte en la prueba.

Las explicaciones fueron de lo más variadas. A Oumar, de 33 años, y a Ababacar, de 26, no les contestaron cuando preguntaron los motivos de su negativa. A dos de los chicos de Marruecos les dijeron que necesitaban invitación para entrar porque se estaba celebrando una «fiesta privada». Un requisito que no exigieron a los jóvenes alemanes que habían pasado al interior momentos antes. Visiblemente indignados, los magrebíes solicitaron la hoja de reclamaciones al encargado y, al ver que se resistía a facilitársela, llamaron a la Policía Municipal.

«No todo el mundo es igual. Si ves a alguien que está borracho o que ha causado problemas tienes derecho a negarle la entrada. Pero me da mucha rabia que lo hagan por sistema. Sólo porque soy de Marruecos», denuncia Salah Farroukh, de 20 años, que compagina sus estudios con un trabajo en un conocido y premiado restaurante bilbaíno. «Bastante duro es estar en otro país viviendo solo, sin tu familia, para que encima tengas que soportar estas cosas los fines de semana», añade.

La situación se repitió en muchos locales de la zona, aunque en algunos sí dejaban entrar a los negros. Lo que cambió fueron las respuestas que ofrecían los vigilantes. A pocos metros, en otro establecimiento donde también se pidió la hoja de reclamaciones por la «agresividad» de los responsables, la explicación de los porteros fue que el bar estaba «lleno» mientras seguían entrando clientes. En otro, los guardas advirtieron a los marroquíes que no podían dejarles pasar para no «asustar» a los autóctonos y les pidieron que esperasen a que hubiese más gente. «Si hay muchos inmigrantes luego la gente de aquí no entra», apuntó un empleado.

En la zona de Mazarredo las justificaciones de los encargados de seguridad fueron más explícitas. Uno de ellos, que también era africano, había trabajado con anterioridad con Oumar y le confesó que no podía dejarle pasar porque se estaba «jugando el trabajo» si lo hacía. Otro vigilante justificó su negativa a que accedieran marroquíes en base a robos y altercados pasados, aunque reconocía que estaban «pagando justos por pecadores».

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* La Mujer en el s.XXI: Reivindicaciones,propuestas y experiencias desde un prisma libertario.

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