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Oportunidad para recomenzar

Con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo, la asociación ACISJF lleva 60 años acogiendo a mujeres en circunstancias problemáticas. Desde inmigrantes hasta desahuciadas, ofrece una mano amiga y desinteresada a toda mujer que se decida a empezar de nuevo. Trabajadoras sociales, educadoras y voluntarias aúnan sus esfuerzos para formar a mujeres de distintas culturas y con circunstancias de vida muy diversas en labores culinarias, de costura o en el cuidado de enfermos y personas mayores.

Lola Rello es la presidenta de la asociación. Revela que con toda la dureza que han experimentado estas mujeres a lo largo de sus vidas, decididas o titubeantes, acuden a esta casa para rehacerse. «Aquí les damos manutención, alojamiento y formación en diversos aspectos durante un año. Si son inmigrantes y no conocen el idioma, se les enseña la lengua y las costumbres», recalca Lola. Otorgan a las residentes unas herramientas que faciliten su inserción en el mundo laboral.

Las mujeres que arriban o residen en España en situación de vulnerabilidad social tienen un horizonte de posibilidades laborales muy acotado. Sin embargo, a pesar de este peligro, la argentina Inés, con 43 años, no vislumbró percance alguno al comenzar su nueva vida en España.

«En Argentina la crisis es crónica. Aquí, aunque fuera mayor, partía de unas ventajas que allí no tenía».

De madre argentina y padre español, Inés consiguió la doble nacionalidad hace veinte años, sin pensar en otra cosa que agradar a su padre, puesto que jamás pensó que le sirviese de nada. Erraba. La nacionalidad española le permitió viajar a la tierra hermana, con la misma cultura, la misma lengua y un amparo social mucho más extendido. Libre de ataduras, Inés comenzó su andanza española alquilándose un piso en Zaragoza y trabajando de lo que había ejercido durante toda su vida, teleoperadora. Al cabo de unos años, la argentina quedó sin ocupación laboral. Después, sin lo que ella consideraba el lujo del paro. Hasta terminar endeudándose con su casero por no poder hacer frente a los pagos que el alquiler y su manutención le exigían.

En el confín de la desgracia se encontraba el juicio, aunque afortunadamente no fue necesario recurrir a este punto. Inés narra: «Yo ya no veía ninguna solución: sin paro, sin techo, sin trabajo y con deudas. Primero negociaba con el dueño, pero después ya se hizo insostenible. Hasta que, gracias a una amiga, fui a Cáritas». En la entidad caritativa y social le hablaron de ACISJF. Inés no comprendía de qué se trataba, dado que en Argentina no tenía noción de que existiera nada parecido. Permaneció una semana dubitativa, estancada. Hasta que decidió dar el paso. Tomó la dirección del centro, en san Vicente de Paúl, y se presentó allí. Ya la conocían. Cáritas les había hablado de ella y la asistenta social que la recibió no entendía por qué había tardado una semana en acudir a la asociación. Permaneció durante cuatro semanas en periodo de valoración, demostrando con buena actitud las ganas que tenía de rehacer su vida. Y, por supuesto, la aceptaron. No le costó en absoluto ajustarse a las normas básicas de convivencia que se le exigían en la casa. Es más, estar acompañada durante ese trance le supuso un apoyo no solo económico, sino también emocional. «En esas circunstancias no es bueno estar sola. Fue bueno conocer otras mujeres. Aprendes a comprender sus distintas culturas y religiones», recuerda Inés.

ACISJF le sirvió como trampolín para adquirir cualidades con las que poder adquirir un nuevo trabajo. Y así fue. Al cabo de siete meses, Inés fue contratada como empleada del hogar en casa de unos señores mayores. Hoy, conserva el mismo puesto. Pudo devolver el piso y negociar la deuda con el casero. Vivir en ACISJF es una referencia de cara a los contratantes.
Los cambios sociodemográficos registrados a los largo de estos 60 años han dilatado las puertas de esta casa, de esta familia. Gracias a ella, personas como Inés gozan hoy de una vida estable, alejada de la precariedad y la exclusión laboral, con quienes tuvo que verse las caras hace ya un año.

Heraldo.es

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