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«No soy delincuente, sólo inmigrante»

Cristina Rosangela Winieski, nacida en Brasil hace 38 años pero con ascendencia Polaca, fue detenida en Arriondas el pasado 7 de abril por la Policía Nacional e ingresada dos días después en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Valencia. Desde entonces convive allí con otros internos pendiente de su expulsión. Vivía en Asturias desde hacía siete años en situación irregular, sin papeles, pero nunca pensó que podía ocurrirle algo así.

«Todo este tiempo he estado trabajando, primero cuidando a personas mayores en Oviedo y en Tapia de Casariego, de ayudante de cocina en Pola de Siero, y ahora en Arriondas con trabajos puntuales en la hostelería. Y siempre he estado tratando de regularizar mi situación», declara desde Valencia, al tiempo que se siente «engañada» por su anterior pareja sentimental.

«Él llevaba el papeleo y me dijo que todo estaba bien. Hasta que el otro día vino la Policía Nacional y me dijo que estaba en búsqueda y captura», recuerda. Sus amigos y su actual pareja sentimental consideran «increíble» que después de siete años residiendo en Asturias y estando totalmente integrada en la sociedad pueda ocurrirle esto. Su novio, el parragués Nacho Hermida, de 33 años, no alcanza a entenderlo. «Llevaba mucho tiempo viviendo en España y no tiene antecedentes ni nada. No veo bien lo que están haciendo con ella», lamenta. Y es que a su inminente expulsión se suma su ingreso en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Valencia, que precisamente en los últimos días ha sido noticia porque un grupo de internos se han puesto en huelga de hambre para denunciar el trato recibido.

«Estamos muy mal, como si esto fuera una cárcel, tenemos unas horas para salir al patio y a los chicos por las noches les cierran hasta los servicios. Tienen que hacer sus necesidades en bolsas de plástico», describe la joven. «No somos delincuentes, sólo inmigrantes», añade.

Su amiga, la parraguesa Lidia Santervas Peruyera, también se muestra muy preocupada por el futuro de la joven brasileña. «Llevaba mucho tiempo viviendo aquí y era una persona trabajadora aunque, claro, nadie le hacía contrato por no tener papeles. Yo misma la quise contratar para trabajar en mi bar pero es la pescadilla que se muerde la cola», explica. Su caso está en manos de abogados pero Cristina no pierde la esperanza. «Ya tenía trabajo para este verano y tengo tres hijos en Brasil viviendo con mi madre que dependen económicamente de mi. No me pueden hacer esto».

Fuente: El Comercio

 

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