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El perfil del inmigrante: precario, sin su familia y en vivienda compartida.

Es una de las conclusiones del informe del Observatorio Permanente de la Inmigración en Guadalajara, que ha analizado la realidad de esta población en zonas industriales y rurales.

La capital alcarreña cuenta actualmente con 10.129 inmigrantes, según el Observatorio Permanente de la Emigración en Guadalajara (Opegu), que días atrás hacía públicas las conclusiones del primer estudio elaborado acerca de la inmigración en nuestra provincia con el objetivo de canalizar la información, estudiar la realidad de los inmigrantes que viven en Guadalajara y proponer acciones.
Según este informe, el 86,9 por ciento de estos inmigrantes cotiza en el Régimen General de la Seguridad Social, mientras que el 2,16 por ciento son trabajadores autónomos, el 3,20 por ciento pertenecen al sector agrario y un 7,6 por ciento son empleadas de hogar.
Además, el Opegu refleja que los papeles siguen siendo un problema para muchos inmigrantes, pese al proceso de regularización iniciado por el Gobierno central en febrero de 2005 y que, según reconocen, ha servido para mejorar la situación de muchos inmigrantes. Con todo, el 62 por ciento de éstos tiene una residencia legal frente al 30 por ciento con residencia irregular y un ocho por ciento que vive en situación de asilo.
Por sectores profesionales, los inmigrantes se encuadran mayoritariamente en la construcción, donde trabaja el 31,74 por ciento, mientras que un porcentaje muy elevado, el 27,83 por ciento, corresponde al servicio doméstico. En menor proporción, un 10,98 y un 10,23 por ciento, se orientan a la agricultura y la hostelería, respectivamente, mientras que sólo el 6,87 por ciento trabaja en servicios, un 4,51 por ciento en la industria, el 3,81 por ciento en el comercio y un 3,21 por ciento en el sector del transporte.
Sin embargo, el desempleo hace mella entre la población extranjera: mientras que el 43 por ciento asegura estar ocupado por cuenta ajena, hay un 28 por ciento de desempleados de menos de un año, un ocho por ciento de desempleados más de ese tiempo y hasta un cuatro por ciento que lleva más de dos años sin trabajar. Además, conviene tener en cuenta que un elevado número de inmigrantes no cuenta con autorización de trabajo.
Respecto a los sueldos, el 40 por ciento dice percibir más de 1.000 euros al mes, mientras que el 29 por ciento percibe entre 750 y 1.000 euros. El 20 por ciento cobra entre 500 y 749 y el 11 por ciento restante tiene un salario de menos de 500 euros.
Por edades, cabe destacar que la mayoría de los inmigrantes, hasta el 24 por ciento, son jóvenes de entre 25 y 29 años, seguidos por el tramo de entre 35 y 39 años (el 18 por ciento) y el que va de 30 a 34 años, que son el 17 por ciento. A mayor edad, menor presencia en nuestro país. Así, los inmigrantes de 55 a 59 años apenas suponen un dos por ciento de la población.
El acceso a la vivienda es el principal obstáculo que encuentran los inmigrantes que residen en nuestra provincia. Así, y según el informe del Opegu, el 32 por ciento tiene problemas para acceder a una vivienda por las elevadas rentas, mientras que en un 16 por ciento de los casos alegan prejuicios como obstáculo para encontrar dónde vivir. Frente a esto, el 52 por ciento asegura no tener dificultades para acceder a una vivienda, si bien el informe apunta que la mitad de los inmigrantes reside en una vivienda compartida y el 17 por ciento se aloja con familiares. Esta tendencia a la vivienda compartida y, en algunos casos, al hacinamiento impide, según han resaltado los responsables del observatorio, proyectos de vida familiares y las tan ansiadas reagrupaciones. De hecho, la mitad de los inmigrantes declara tener a su familia fuera de España. Es por esto por lo que desde el Opegu se apuesta por realizar acciones que posibiliten a estas personas un mejor acceso a la vivienda para que puedan vivir como cualquier familia española.
Además, hasta el 64 por ciento de los inmigrantes reside actualmente en una vivienda alquilada y sólo el 13 por ciento dispone de vivienda en propiedad. Destaca, además, que el 10 por ciento viva en una casa realquilada y otro 10 por ciento en una cedida.
El Opegu también refleja los motivos que les trajeron a España: hasta un 66 por ciento declara que emigró por motivos económicos, mientras que el 25 por ciento alegaba motivos personales y el nueve por ciento motivos políticos. Muchos de estos inmigrantes hicieron este viaje solos; sólo el 26 por ciento de ellos emigró con su cónyuge y/o sus hijos, y el 21 por ciento llegaron acompañados de otros inmigrantes.
Uno de los asuntos más curiosos que refleja el informe del Opegu respecto a la inmigración en la capital guadalajareña tiene que ver con la concentración de los inmigrantes, según su nacionalidad, en los distintos barrios de Guadalajara. Según dicho estudio, la zona con menos porcentaje de población inmigrante es la de Ramblas y el Ensanche, donde apenas el seis por ciento de la población tiene origen extranjero. En el extremo opuesto se sitúan los barrios de La Estación y Los Manantiales, donde el porcentaje de inmigrantes alcanza el 12 por ciento, lo mismo que sucede con determinadas zonas del casco antiguo, el barrio de La Amistad, Adoratrices o Alamín.
Curiosamente, la población ecuatoriana parece estar más presente en zonas concretas del Alamín, Aguas Vivas y Adoratrices, donde pueden alcanzar el 25 por ciento, si bien residen en mucha menor medida en las zonas de La Estación y Manantiales.
Por su parte, los rumanos están más presentes en algunas zonas del barrio de La Amistad, siendo también elevada su presencia en Adoratrices.
Los marroquíes tienen mayor presencia en El Alamín y Aguas Vivas, así como en ciertos lugares del casco antiguo, aunque son menos numerosos en Las Ramblas y El Ensanche.
Los responsables del estudio quisieron apuntar, además, a la necesidad de abordar de forma distinta el asunto de la inmigración en las zonas industriales y las zonas rurales. Según advertía Óscar Hernando, director del Observatorio de la Inmigración, hay mayor densidad de población en las zonas rurales, donde la presencia de inmigrantes puede llegar a alcanzar, como en el caso de Sigüenza, el 18 ó 20 por ciento de la población, algo que repercute en su desarrollo y «merece una atención y una acción», sobre todo para evitar actitudes xenófobas. [La Tribuna de Guadalajara]

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