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Guerra de clases en las playas de Perú

En torno a un millar de personas invadieron ayer el exclusivo centro turístico de Asia, al sur de Lima, para denunciar las prácticas discriminatorias que impiden el acceso público y el baño en las playas a las empleadas del hogar. Convocados por la Coordinadora Nacional Por Derechos Humanos y Amnistía Internacional, centenares de activistas, empleadas del hogar, peruanos solidarios y algún que otro extranjero se sumaron a la iniciativa vestidos con trajes de niñeras y limpiadoras, así como con camisetas con el lema Basta de racismo y Racismo ya fue.

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      La caravana partió en autobuses y vehículos particulares desde Lima hasta Asia, un centro vacacional de las clases altas situado a 97 kilómetros al sur de la capital peruana y formado por clubes privados. Allí se dieron cita los manifestantes que, de forma pacífica, atravesaron los controles de entrada, habitualmente cerrados al público, irrumpieron en la playa, formaron una gran cadena humana para después darse un chapuzón en las frías aguas del Pacífico bajo la mirada atónita de los veraneantes y las fuerzas del orden.

      “Nuestro propósito es llamar a una reflexión sobre la situación de las empleadas del hogar que sufren una discriminación bestial y que sólo pueden acceder a las playas al anochecer”, dijo Mar Pérez, responsable de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Coordinadora Nacional Pro Derechos Humanos de Perú.

      Según Pérez, con esta iniciativa se busca “crear la semilla del movimiento ciudadano contra la discriminación”. Mercedes Alarcón, del Centro de Estudios Sociales y Publicaciones (CESIP), calificó el acto de “simbólico” y matizó que con ello “se pretende decir a la población que hay un grupo de personas que debe ser escuchada, que no importa la condición social, si habla bien español, ni el trabajo que realice; todos tenemos los mismos derechos y deberíamos tener las mismas oportunidades”.

      Apoyo cultural

      El acto es el primero de este tipo que se lleva a cabo en Perú, según comentó también el sociólogo y analista político Alberto Adrianzén, quien se unió a la protesta junto con actores, presentadores de televisión, personajes de la farándula, artistas plásticos y congresistas.

      La legisladora del opositor Partido Nacionalista Peruano (PNP), la indígena cuzqueña Hilaria Supe, viajó hasta Asia para reclamar igualdad y confió, en declaraciones a la prensa, en que a partir de ahora se hagan cumplir las leyes.

      El pasado 18 de enero, el Congreso aprobó una ley que castiga hasta con tres años de cárcel los actos de discriminación y racismo que restringen el libre tránsito a las playas y a quienes vulneren el derecho de las personas a un trato equitativo y justo en toda transacción comercial al solicitar servicios en locales públicos.

      Para la congresista Supe es fundamental tomar conciencia, porque, según sus palabras: “Lo único que nos diferencia es que unos tienen mucho dinero y otros no tenemos”.

      De la misma opinión se mostró Adela Bernabé, una empleada del hogar de 60 años, que llegó a Asia para unirse a la protesta y dejar claro que “mientras en Perú haya discriminación no habrá paz”.

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