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La cruzada de las madres y viudas de los cayucos

Con la venta de zumos, cuscús o tejidos, las senegalesas hacen frente a la pérdida de sus hijos y los ingresos que éstos aportaban a sus familias.

Las mujeres de Thiaroye Sur Mer (Senegal) se han hecho fuertes frente al dolor. Han evitado quedarse impasibles ante la muerte de sus hijos en el mar y se han unido para evitar nuevas tragedias.

Son 375 Madres y Viudas de los Cayucos, así se llama su colectivo, que ayuda a 550 familias. "Es una organización contra la inmigración clandestina y en memoria de nuestros hijos", indica Yaye Bayam, presidenta de la asociación, e invitada por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado para sensibilizar a los españoles sobre este problema.

Trabajan elaborando zumos, cuscús o tejidos que luego venden. Con lo recaudado, además de procurarse el sustento, consiguen lo suficiente para conceder microcréditos a las familias en peores condiciones, que también se invierten en la creación de empresas que hagan resurgir la economía.

No pueden ver el mar

Para otras actividades relacionadas con el mar, no todas las mujeres pueden emplearse. «Muchas no pueden acercarse a la orilla, porque aseguran que escuchan las voces de sus hijos pidiéndoles ayuda para que los saquen del agua», asegura Yaye.

Pero lo que hacen no es suficiente. La pesca tradicional, su medio de subsistencia, no es rentable frente a los barcos de Corea y Francia; los precios de sus principales cultivos, cacahuete y algodón, se han derrumbado y parece que sólo queda la emigración. "Aunque allí se pueden hacer muchas cosas, también apoyamos la emigración como factor de desarrollo para España y Senegal", explica. Aún así, más de 5.000 senegaleses fueron repatriados el año pasado. "Los contratos temporales por un par de meses podrían ser una solución". Será uno de los temas que Bayam tratará en su reunión con empresarios agricultores.

"Él era el sustento de la familia"

Aliyoune Mar tenía 26 años cuando embarcó en un cayuco. No iba a pescar, su objetivo era Canarias, pero se quedó para siempre en el Océano Atlántico. O Era el único hijo de Yaye Bayam (48 años). En marzo del año pasado trataba de alcanzar la costa española a bordo de una barcaza junto a otros 79 vecinos senegaleses. Fue una tragedia en la localidad de Thiaroye Sur Mer, que nunca se sobrepuso al naufragio.

El material de pesca antiguo y la vida cada vez más cara los empujan al mar. "Me dijo: ‘reza mamá, van a salir unos cayucos a España y los vamos a coger'. Esperamos durante semanas una llamada que nunca llegó, hasta que un primo que viajaba en otra embarcación nos dio la noticia", explica Yaye.

"Sólo podía llorar. Era mi hijo y el sustento de la familia". Una familia formada por un hombre, varias mujeres y múltiples hijos y sobrinos a los que alimentar. Una situación que la lanzó a crear el colectivo. "Como mujeres debíamos organizarnos. Nuestros maridos son viejos y descansan en casa; somos nosotras quienes debemos tomar el cargo y convencer a los jóvenes de que no se lancen al mar, de que se queden aquí. Nosotras los podemos ayudar".

Yaye vendió sus joyas, terrenos y material de pesca para pagar a su hijo un sitio en la barca. Se quedaron prácticamente sin nada, aunque no se endeudaron como muchas otras familias que perdieron sus casas. "Los que vuelven repatriados se sienten perdedores. No quieren ver a sus madres, que lo perdieron todo por ellos y vuelven arruinados. Sin embargo, tienen suerte, están vivos y han vuelto, mi hijo, en cambio, no".

La iniciativa recorrerá España

El viaje de Yaye Bayam, que ayer inició en Madrid, recorrerá las próximas semanas otras comunidades, como Andalucía, Extremadura, Canarias, Castilla-La Mancha y Cataluña. Además, el día 7 está previsto que se reúna con la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a quien trasladará sus peticiones.

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1 comentario

Anónimo dijo...

Si se hubiese quedado en casa en vez de venir aqui, ahora nadie estaria llorando y los espanoles estariamos mas contentos