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Crisis y racismo, ¿ecuación inevitable?

Varias personas, entre ellas algunos inmigrantes, hacen cola en una oficina de empleo. | Efe

Silvia Taulés | Madrid

Los sindicatos ya han alertado a organizaciones como SOS Racismo y Amnistía Internacional. Cuando una empresa plantea despidos, los representantes de los trabajadores tienen que oír como muchos empleados proponen que se despida primero a los extranjeros. Pero ¿es inevitable? ¿Se puede enfrentar alguien a la crisis sin enfrentarse también a los inmigrantes?

Pongamos un ejemplo: Marta ha sido obligada por su empresa a trabajar media jornada para reducir su sueldo. El marido de Marta está en el paro y sus hijos tienen que cambiar de colegio. Marta ha quedado con una amiga para tomar un café y pedirle ayuda. En el bar, le sirve una camarera argentina. Ese acento, esa mujer extranjera con un empleo. Marta se queda pensativa unos instantes, se levanta, se dirige sin vacilar hacia la camarera y, con desespero en la voz, le pregunta: "¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo fuiste capaz de soportar la crisis en tu país y abandonarlo todo por un futuro mejor? ¿Cómo puedo aprender de tu experiencia?".

Lo dicho, la escena es un ejemplo. Es el ejemplo que usa Olga Jubany, directora del Departamento Europeo de Investigación Social y profesora de Antropología Social en la Universitat de Barcelona, para explicar que la ecuación crisis=racismo no es obligatoria.

Aprender de los demás. "El problema en esta sociedad es que se ha hecho la peor relación posible, se ha creado un binomio terrible: se ha dicho que los inmigrantes eran necesarios porque hacía falta mano de obra. Es un discurso proinmigración que han usado incluso las ONG. Ahora ya no hace falta mano de obra y ese discurso utilitarista nos puede pasar factura. Muy pocos han dicho que los inmigrantes han venido y seguirán viniendo, muchos en contra de su voluntad, porque en sus países siempre hay crisis".

Justo ahí entra Marta, el ejemplo propuesto por Jubany. "Tenemos que aprovechar sus experiencias, usar los tiempos de recesión para ver el valor real de la inmigración, podemos empezar a vernos como ellos, y sus experiencias nos pueden servir para aprender y enfocar nuestras vidas ante la crisis".

El otro enfoque, claro, es menos optimista: cuando hay crisis surge la xenofobia. "Hablamos del proceso de criminalización de un colectivo, en este caso de los inmigrantes. Primero les culpamos de la inseguridad ciudadana, después les atribuimos el terrorismo internacional, y ahora hay quien les culpa de la crisis".

Esta socióloga que lidera un grupo de investigación europeo sobre la sociedad ante la inmigración en tiempos de crisis insiste en mostrar la parte positiva: "Estoy segura de que vivimos en una sociedad inteligente que no se lo cree todo, quien atribuye la crisis a la inmigración lo hace sabiendo que no es cierto, se manipula por falta de respuestas".

¿Aumentará el radicalismo?

Lo cierto es que la crisis "nos afectará a todos". Y en ese todos se incluye a los extranjeros, personas que llegaron en busca de un trabajo y que, de pronto, se pueden encontrar en la parte más marginada de la sociedad marginada. "No es de extrañar que la gente más agraviada se decante hacia grupos que les den apoyo, aunque esos grupos sean radicales, es una reacción normal, se tiene que tener en cuenta", señala Jubany.

"La crisis puede afectar a la cohesión social y eso puede tener un impacto en la sociedad y en la radicalización de algunas posturas. Es algo que debemos tener muy en cuenta". Quien habla ahora es Arthur Snell, director del Programa del Gobierno británico sobre Prevención de Radicalización y Terrorismo. En un encuentro en la embajada de Reino Unido en España, Snell señala que "no está claro el impacto que podrá tener la crisis en la sociedad". Eso sí, "no siempre existe conexión entre pobreza y radicalismo" y para el Gobierno británico, matiza Snell, no existe "un perfil claro" de radicales.

Los desencantados

La crisis ha traído consigo recortes en ayuda humanitaria. "Los derechos humanos ya no están en la agenda política y se recortan las ayudas al desarrollo", denuncia Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España.

Menos optimista que los anteriores, Beltrán saca la mirada crítica de sus años de activista y alerta de que crisis económica va a provocar más pobreza y un aumento del racismo y la xenofobia, ya que los derechos humanos se van a concebir como "un artículo de lujo para épocas de prosperidad".

Autor del título reciente Derechos torcidos (Debate), augura más actitudes xenófobas, puesto que en situaciones de dificultad económica "la sociedad se vuelve más defensiva". También el presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, asegura que "el calor de la crisis económica disparará la xenofobia".

Los antecedentes

En Reino Unido, el pasado invierno ya fue caliente en este sentido. Las manifestaciones en contra de los trabajadores extranjeros llenaron las calles de diversas ciudades británicas ante la pasmada indignación del resto de Europa. Continente, por cierto, en el que el racismo crece a la par de que sus ciudadanos. En febrero, se presentó en Alemania una encuesta en la que uno de cada siete adolescentes se declara «muy racista». La UE y la OSCE han acordado declaraciones conjuntas, las que han trasladado a los países miembros para que empiecen ya a trabajar en contra de posibles brotes xenófobos. Hungría, Austria, Italia han sido escenario de situaciones extremas, así que se trata de que no se repita.

Y España...

"Políticas como las del Gobierno español y medidas como las del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que pretende reducir en un 30% los fondos dedicados a la integración de la inmigración, nos llevan directos a situaciones de xenofobia", denuncia Begoña Sánchez, portavoz de SOS Racismo. "Hay indicadores del Gobierno que señalan a la inmigración como motivo de la crisis, lo que puede ser utilizado para desviar la atención". Y añade Sánchez: "En una sociedad como la europea, en la que se han normalizado las actitudes racistas, parece que la ecuación será inevitable".elmundo.es

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