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«Estamos desbordados por los casos de inmigrantes que quieren retornar».

 El Comercio

Celia Fernández Fernández (Fonsagrada, Lugo, 1959) es la nueva presidenta autonómica de Cruz Roja. Esta trabajadora social sustituye en el cargo a Francisco Fernández Corte, en cuyo mandato ejerció como vicepresidenta. Ingresó en la institución como voluntaria en 1988 y, desde entonces, ha sido coordinadora local en Avilés, entre otros cargos. Funcionaria del departamento de Servicios Sociales del Ayuntamiento avilesino desde 1990, nada de lo que ocurre en la ONG con 22 asambleas locales repartidas por toda la región y más de 23.000 socios le es ajeno. Tampoco a los dramas cotidianos a los que asiste día a día. «No puedes serlo, porque ves a gente que lo está pasando muy mal.
Gente que tenía una vida muy normalizada hasta hace muy poco tiempo».

-¿Qué representa para usted Cruz Roja en unas pocas frases?
-Yo, que he partido del voluntariado y he pasado por todas las fases, puedo decir que a Cruz Roja llegas y ya nunca te vas. Engancha. Y engancha porque el voluntariado es algo muy positivo. Tú das mucho, pero recibes mucho más. Siempre. Siempre. Por eso la gente que llega como voluntaria es muy difícil que se vaya.

-¿Cómo andamos de solidaridad los asturianos?
-Andamos bien. Siempre hacen falta voluntarios, pero tenemos 2.400. Aunque los socios son también voluntarios, porque colaboran en muchas cosas. Y son gente muy diversa y con distintas disponibilidades. Jóvenes, mujeres, jubilados... En campañas como la de donaciones para Lorca o Haití siempre destacamos por nuestra solidaridad comparados con el resto de España.

-¿Los jóvenes van a lo suyo como afirman algunos?
-Para nada. Lo que ocurre es que los jóvenes tienen sus estudios, sus épocas de exámenes, el tiempo muy tasado. Y otras personas pueden darle prioridad al voluntariado. Pero los jóvenes asturianos son tan solidarios como los mayores. Y, siempre que los buscas, los tienes.

-¿Cuáles son las prioridades que le rondan la cabeza?
-Trabajamos con colectivos muy vulnerables y esta crisis está teniendo especial incidencia en ellos. Para luchar contra la exclusión hay que trabajar de forma conjunta en muchos frentes. La Administración delega en nosotros muchas cosas y nosotros intentamos seguir con la misma actividad, para que no se vea mermada.

-Para eso, deberán negociar con el nuevo Gobierno regional.
-Nosotros somos apolíticos. Trabajábamos con el partido que había y anteriormente con el Partido Popular y estupendamente. No hay ningún problema. En ninguna comunidad autónoma, sea del signo que sea. Y no creo que vayamos a tener ningún problema. Los políticos siempre han sido muy solidarios con Cruz Roja.

-¿En qué están notando más la recesión económica?
-Sobre todo, en el programa de inmigrantes. Estamos desbordados por los casos de muchas personas a las que les ha ido mal y quieren retornar a sus países. Notamos además que, a quienes lo solicitaron a principios de año, se les concedía el retorno muy rápido, pero ahora mismo está demorándose más de dos meses porque la demanda es enorme. Estamos colapsados. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos no tienen una red social detrás. Tú, en una mala, tienes un padre, una madre... Pero muchos de ellos están solos aquí. Es muy complicado.

-El Sespa recortó la subvención del Hospital de Cruz Roja en Gijón. ¿Decepcionados?
-No, no. Para nada. Para nada. Nosotros con el Sespa tenemos una relación estupenda. La crisis les afecta como a todo el mundo y nosotros no tenemos nada que decir.

-Y una jueza anuló la reducción salarial anunciada por ustedes a principios de año.
-Nosotros, igual que toda la red sanitaria incluida en la red pública, hicimos un esfuerzo grande para homologar los sueldos de los trabajadores del Hospital al resto de los trabajadores del Sespa. Estábamos equilibrados, pero al reducir el Sespa la asignación, eso se rompió. Acatamos la decisión judicial como lo que es. Simplemente, nosotros, cuando vimos que se bajaban los sueldos del Sespa, pensamos que también debíamos homologarlos.

-Los sindicatos les acusaron de actuar de mala fe y de tener suficiente margen de maniobra.
-Los sueldos se han mantenido porque respetamos la decisión judicial.
-Y ustedes han llegado a poner sobre la mesa la posibilidad de un ERE.
-Eso ahora mismo no está sobre la mesa ni se plantea.

«¿Cuáles son las malas?»
-Al margen de la atención médica, ¿qué áreas tienen previsto impulsar?

-Todo lo que tiene que ver con el medio ambiente, que, además de tener mucho futuro en Cruz Roja, permite poner en contacto a voluntarios de distintas zonas.

-También trabajan con víctimas de la violencia machista. ¿Perciben un repunte de los casos?
-Sí, llevamos el servicio de teleasistencia, la red de casas y la Casa Malva. Y la red está siempre llena, pero no hay un repunte especial. La demanda que aflora se mantiene. La que es más difícil de controlar es la que no aflora, la de las víctimas que nunca habían denunciado. Ahora bien: ni una ni otra disminuyen. Y, de nuevo, la inmigración está muy presente. Hay muchas mujeres inmigrantes que son víctimas de la violencia de género y les cuesta dar este paso, denunciar, saber que hay recursos, apoyos... Es complicado.

-Otros de sus programas estrellas son los dos que buscan familias de acogida para niños tutelados por la Administración.
-Son de los programas de voluntariado puro y duro que más me gustan. Y son familias con unos valores y con una sensibilidad increíbles. Hemos puesto recientemente en marcha una campaña y ha funcionado muy bien.

-También acaban de recibir un galardón por su trabajo con los diabéticos en los campos de refugiados saharauis.
-Sí. Nos lo entregó la Reina y se mostró muy interesada en el proyecto. Los médicos que llevan tantos años yendo ya tienen una dinámica de revisiones que antes era imposible.

-El arzobispo distingue entre ONGs malas y buenas.

-¿Cuáles son las malas? ¿Y las buenas?

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