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Los bancos se quedan con 3.000 pisos en dos años por ejecuciones hipotecarias

 | Heraldo.es

Neli Vivas se ha quedado escarmentada de haber adquirido un piso porque se ha quedado sin vivienda e hipotecada de por vida. "Quedé curada de comprar", resume esta inmigrante ecuatoriana separada y con cuatro hijos (de 18, 17, 15 y 8 años). Llegó en 2003 en busca del Dorado que se dibujaba en España, siguiendo a su hermana y a miles de compatriotas rianos que buscaban un nuevo horizonte. Después de haber trabajado en la cocina de los colegios Juan de Lanuza y Dominicos, y en un supermecado de Eroski, se quedó en el paro. Cobra el subsidio de 420 euros con los que tiene que sacar adelante la familia, trampeando con trabajos de limpieza en casas.

Apenas disfrutó un año y medio la vivienda adquirida en Las Fuentes. Tuvo que entregarla al banco porque no podía pagar la hipoteca y además tiene que devolver 52.000 euros en 40 años. "Nadie nos explicó que la hipoteca tenía esta deuda añadida al piso o no supimos entenderlo", asume. Si duro es el presente para sacar adelante a la familia numerosa, el futuro más negro lo pintó el banco.

Los inmigrantes pagan la crisis con intereses. La burbuja inmobiliaria se los llevó por delante. Primero se quedaron sin empleo, porque eran el eslabón más débil del mercado laboral, y ahora son la mayoría de los desahuciados de los pisos que compraron por precios que el mercado devoró.

"Inmoralidad" inmobiliaria


Los juzgados de Zaragoza contabilizan 1.141 ejecuciones hipotecarias este año y en 2009 llegaron a 1.557. Un letrado experto en deshaucios (o alzamientos, como se utiliza en la terminología jurídica) señala que 2010 superará el anterior y las entidades bancarias se quedarán 3.000 pisos en dos años. "Me llegan tres viviendas cada día para culminar el proceso y la diferencia con el año pasado es muy clara", señala el letrado que trabaja para un banco. "Es duro decirlo, pero las inmobiliarias cometieron inmoralidades muy próximas al Código Penal con los inmigrantes", denuncia.

Fuentes bancarias detallan que esos gastos se inflaban con las comisiones de las inmobiliarias que ganaron hasta el 13% de cada venta. Desaparecieron con la crisis y solo resisten abiertos los 'apis' tradicionales, que "cobrarán el 1% de cada operación", apunta un empleado de una entidad bancaria, que trabaja en riesgos y coincide con el letrado.

Cuando iban bien dadas, Neli Vivas ganaba 1.200 euros. "Se nos metió la fiebre en la cabeza de comprar un piso con mi hermano que trabajaba de repartidor y ganaba un sueldo parecido al mío", recuerda. Era agosto de 2007 y la inmobiliaria empujó tanto que firmaron una hipoteca de 227.000 euros de una vivienda con cuatro habitaciones y calefacción, pero sin ascensor y por reformar. El valor hipotecado del piso era 170.000 y el resto eran gastos (notario, escritura y comisión hipotecaria) y reformas (solo 3.000).

La familia ecuatoriana que visitó este periódico cambió de un piso de 95 metros en propiedad a otro alquilado de 60 metros, sin calefacción, donde paga 500 euros. "Mi hermano ya no cabía y se fue con mi otra hermana, que también tuvo que devolver un piso que compró", dice Neli Vivas.

"No sé si fue confianza o injusticia. Pecamos de ingenuos por no leer la letra pequeña de las hipotecas. Quedamos endeudados a pesar de entregar el piso a los bancos y ahora se ha vuelto a los 'pisos patera' como realquilados". Cecilia Garzón, presidenta de la asociación ecuatoriana Cóndor, tiene muy claro el drama porque está "enganchada" con su marido como avalista de un amigo, que no puede pagar la hipoteca del piso.

"Los ecuatorianos estamos asustados. Tratamos de salvar el pago mensual de un piso alquilando habitaciones. Una persona paga 180 euros y si es una pareja, de 250 a 300", explica Carlos Gómez, de la asociación Nuevo Ecuador.

Los bancos y cajas de ahorro están en plena vorágine de recuperar los inmuebles vendidos a los inmigrantes o renegociar las hipotecas. "Esta semana vi a un inmigrante de Ghana que llegó a un banco con la llave del piso y la devolvió al director. Le dijo que no podía pagar más la hipoteca y tenía que regresar a su país porque perdió el trabajo", explica un cliente de un banco en Torrero.

Muchos inmigrantes no son conscientes de que en España la hipoteca no se acaba con devolver el piso al banco, como ocurre en Estados Unidos. Fuentes bancarias explican que ese fue el motivo de la crisis económica de las hipotecas basuras norteamericanas. "Las entidades españolas se salvaron con las garantías personales y los avales", señalan.

Los inmigrantes no son los únicos morosos que engrosan el 5% del índice de morosidad bancario. Los bancos están más preocupados por las deudas de los promotores inmobiliarios.

Si los deudores inmigrantes vuelven al trabajo, los acreedores traban sus nóminas. Otra cosa es si optan por el retorno a su país por lo caro que es reclamar allí la deuda. "¿Volver a Ecuador? No. España es más tranquila y segura. Antes podías elegir dónde trabajar y ahora lo que te toca", explica Neli Vivas, que asume su futuro.

Del retorno a la refinanciación

"Estuvimos el año pasado con el presidente Correa en Madrid y le contamos nuestros problemas. Unos se acogieron al retorno y otros se quedan alquilados cuando devuelven los pisos. Ahora algunos bancos renegocian las hipotecas como ayuda disfrazada. Aumentan el interés y pasan de 20 a 30 años", señala Cecilia Garzón.

El vicecónsul de Ecuador, José Castiella, recibe a muchos ecuatorianos con hipotecas a las que no pueden hacer frente. No puede echarles una mano salvo dirigirlos a gabinetes jurídicos para refinanciar la hipoteca. "Llegaron solos hacia 2002, pero luego se trajeron a toda la familia y están todos aquí con tres o cuatro hijos", describe Castiella. En Aragón se registraron 296 nacimientos de ecuatorianos este año y ya superan los 13.000. "Ellos se fueron al paro y ellas están sujetando la casa o trampeándola con 600 o 700 euros", apunta el vicecónsul.

La mayoría de los ecuatorianos cayeron en la hipoteca, aunque los más espabilados invirtieron en su país. El sueño del Dorado se acabó, regresan al principio y pocos volverán a caer en la red del piso.

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