El caótico comercio en la frontera entre Europa y África

Hassan Ibrahim, un discapacitado físico, se mantiene a duras penas de pie sobre sus debilitadas piernas mientras empuja dos grandes paquetes de mercancía cargados sobre su silla de ruedas camino de la frontera entre Ceuta y Marruecos.

Es uno de los miles de marroquíes, auténticas "mulas" humanas, que cada día cruza el límite entre los enclaves norteafricanos españoles de Ceuta y Melilla para comprar una mercancía que transporta luego a su país para revenderla.

A 400 kilómetros de Ceuta, en Melilla, Naima Fakhri, 46 años, es una madre de dos hijos que se torció un tobillo, pero aún así, carga con varias mantas de unos 20 kilos.

"Es una porquería. Algunas veces me pegan (la policía española) o no nos dejan salir", dice, antes de añadir que "no hay otra cosa que esto" para ganarse la vida.

Ibrahim y Fakhri forman parte del ejército de marroquíes que cada día se dedica a esta especie de contrabando tolerado a las puertas de Europa. La regla es que pueden pasar con todo lo que puedan cargar sin pagar tasas.

Estos porteadores son conocidos como "tortugas", explica un agente jurado de Ceuta, mientras señala a ancianas prácticamente aplastadas bajo sus cargas.

Hassan Ibrahim gana unos 15 euros por fardo, con los que mantiene a una esposa, tres hijos y cinco hermanas, en Fnideq, en Marruecos, ciudad fronteriza con Ceuta. Por su parte, Naima gana un euro por manta y alrededor de cinco por fardo.

Este comercio interfronterizo convierte a Ceuta y Melilla en una salida económica para muchos marroquíes de la zona, que se empujan y apelotonan haciendo cola en la frontera para entrar en España.

Las autoridades creen que unos 30.000 porteadores y trabajadores domésticos cruzan cada día a uno y otro lado de la frontera.

En Ceuta, los marroquíes de la región vecina de Tetuán pueden entrar sin visado, al igual que los del área de Nador que quieren entrar en Melilla.
Ceuta y Melilla, las fronteras entre África y Europa (AFP)

Auge. No hay estimaciones oficiales de lo que las autoridades llaman "comercio atípico", pero los medios españoles consideran que puede suponer más de 600 millones de euros al año para cada enclave.

El tráfico también es un dolor de cabeza para la policía española, que tiene que vigilar desde los que intentan colarse hasta posibles traficantes de drogas o sospechosos de terrorismo.

"Son miles de personas que se dedican a ello. Eso significa evidentemente que es su modo de ganarse la vida y que hay una diferencia de renta per cápita" entre un lado y otro de la frontera, afirma el delegado del gobierno en Melilla, Abdelmalik El Barkani.

"Pero, si eso significa que miles de familia puedan tener una forma de sustento pues bienvenido sea", añade.

Las mantas de Naima podrían llegar directamente al puerto de Nador, en Marruecos, pero las tasas son más altas, explica Gonzalo Escribano, un investigador del Real Instituto Elcano de Madrid.

Por ello, las mercancías llegan a Melilla y de ahí transportadas a Marruecos sobre las espaldas de hombres y mujeres.

"¿A quién le viene bien? A esos 50 transitarios, sí. Al conjunto de la población, no", afirma, antes de agregar que "la distribución ahí de esos recursos es muy desigual porque a lo mejor son 40 o 50 transitarios los que están llevando todo ese negocio" con el otro lado de la frontera.

Escribano dice que España tolera este comercio para mantener buenas relaciones con Marruecos, que reclama la soberanía sobre estos territorios.

Y más teniendo en cuenta que Marruecos colabora activamente conteniendo los asaltos de inmigrantes clandestinos y luchando contra el terrorismo, destacan fuentes policiales.

via La Nación

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